Podemos decir que el Mosaico consiste en el  arte de crear diseños figurativos o geométricos incrustando en cemento trozos de vidrio, piedra, terracota u otros materiales. La decoración con mosaicos se adapta mejor a grandes superficies planas, en especial a suelos, paredes interiores y muros, bóvedas y techos, aunque también se aplica en paneles pequeños y objetos cotidianos.

El mosaico fue un arte muy desarrollado por los romanos y utilizado con profusión en los edificios bizantinos y en las iglesias italianas. Dado que los materiales empleados en los mosaicos son bastante resistentes al deterioro, se han conservado con el mismo brillo original gran cantidad de mosaicos antiguos.

Los mosaicos clásicos estaban formados primero por pequeños guijarros y más tarde por cubos de mármol, piedra, vidrio o terracota, que reciben el nombre de teselas. Para hacer las teselas de mármol o de piedra de color, se cortaba el material en finas láminas, luego en tiras y después en cubos. Para obtener las teselas de vidrio fundido (que podía teñirse añadiéndole diferentes óxidos de metal) se vertía éste encima de una superficie lisa para que se enfriara y se endureciera. Después, con una herramienta afilada, la lámina de vidrio coloreado era cortada en tiras y luego en cubos. Las teselas de oro y plata se obtenían colocando pan de oro o plata encima de una lámina de vidrio de tono pálido. La superficie se cubría con un frit (capa fina de vidrio empolvado) y se calentaba en un horno para sellar el oro y la plata entre las capas de vidrio. A continuación se dividía la lámina en cubos. Entre los diferentes tipos de mosaico se encuentra el opus tesselatum, con sencillos dibujos geométricos, el opus vermiculatum, originario de Egipto, con piedras minúsculas que permitían formar fácilmente líneas curvas o figuras de personas, animales, plantas u objetos, el opus musivum, para los muros de una casa, y el opus sectile, con dibujos compuestos por piedras más grandes de diferentes tamaños.